70. Crónica de un dolor de muela
28 mayo 2012 a las 7:16 pm | Escrito en Autobiográfica, Descargada | 9 comentariosDe todos los dolores corporales, el de muela debe ser el peor. Es apenas una pequeña pieza molar metida en la boca y, sin embargo, se parece a la mariposa que cuando aletea hace temblar hasta a la Bolsa de NY.
El dolor lo domina todo. Una vez que comienza, ya no se puede pensar en nada más. O si; en qué hacer para que el sufrimiento cese y en cuidar que la lengua no toque la muela afligida para no aumentar el tormento. Y ni qué hablar de los remedios caseros que improvisamos para evitar enfrentarnos al torno.
La boca se vuelve nuestro peor enemigo. La mandíbula se entumece. El cuello se contractura. El resto del cuerpo, progresivamente, también. Hasta el oído nos recuerda que todo, en algún punto, está unido. Y como si fuéramos animales enfermos de rabia, no paramos de salivar. No encontramos dónde poner la lengua. Cómo comer. Qué comer. Nos aterra la certeza de saber que en algún momento tendremos que alimentarnos, ¡y morder! Entonces probamos todo tipo de contorsiones faciales para abrir solo la mitad de nuestras fauces, mientras rogamos que nada perturbe al resto de la cavidad. Y encima, seguro que nos da sed. Sucumbimos a ella y comprobamos que con lo frío duele así, y con lo caliente asá. Que de todos modos, duele.
Y mucho.
Duele si caminamos, si saltamos, si nos acostamos de un lado o del otro. Si nos besan, si no nos besan. Si comemos, si no comemos. Si inspiramos, si espiramos.
No sabemos si estando dormidos duele menos porque, definitivamente, no nos deja dormir.
Y en un intento por aprisionar al monstruo, la mordemos -es inevitable- y más nos duele. Estamos convencidos de que nuestra cara se va desfigurando, y que nuestra mejilla va tomando forma de una pelota a punto de explotar.
La muela enferma parece colonizar la garganta misma.
A esta altura, solo queremos que la maldita sea desterrada de nuestra humanidad. Inspiramos profundo, y soltamos el aire despacio. Una y otra vez, cual primeriza en curso pre-parto. Todo es en vano. La respiración se acelera y no podemos pensar. O sí; en sentarnos para no golpearnos muy fuerte si nos desmayamos. Si es que antes no morimos del dolor.
Pero no. No conozco ninguna persona que haya muerto por eso. Sí que haya atropellado y matado a otra por conducir enceguecido de dolor hacia la guardia de un hospital. Créanme, pasó en mi pueblo, y muerta y asesino eran vecinos.
Pero esa es otra historia y acá solo hay una muela que remover.-
Ludmila
“el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”
66. Miradas en celo.
18 mayo 2012 a las 12:02 am | Escrito en Autobiográfica, Historias reales | Deja un comentario[Donde hubo fuego, queda olor a quemado]
Como un barrilete descolorido que surca inerte las nubes del tiempo, mi palpitar dormía huyendo de vientos que jugaran perversos en lo volátil de mi piel. Absorta en el silencio amniótico del eco de mi cuerpo, no oí tu respiración al llegar. No te esperaba, ni te buscaba, pero sabe la magia del destino, cómo sin saberlo te encontré.
Y en la oscuridad de mis latidos, la bruma de tu risa lejana insinuó un fulgor tímido y sigiloso en la palidez de mi mirar. Y me extasiaron las ansias de extraviarme en el laberinto del negro de tus ojos. Continuar leyendo 66. Miradas en celo….
65. ¿Pueden una Nona y una valija, marcar el destino de una persona?
5 mayo 2012 a las 10:27 pm | Escrito en Autobiográfica, Historias reales | 2 comentariosEliana nació en Córdoba, hace muchos kilómetros. Sí, porque hay personas que cumplen años, y otras, que suman millas. Sus primeros mil km los hizo en un viejo Dodge Polara, cuando hacía apenas 10 días que respiraba en este planeta. Fue su primer viaje, pero no de ida, sino de regreso a casa. Había nacido en el terruño de su madre, pero ya era tiempo de volver al hogar que la esperaba en Río Colorado, y estrenar su cuna de primogénita.
Sin embargo, su destino ya había sido marcado por una valija que cobijaría sus primeros sueños. Continuar leyendo 65. ¿Pueden una Nona y una valija, marcar el destino de una persona?…
64. El lugar donde no existen las fronteras.
4 mayo 2012 a las 10:12 pm | Escrito en Autobiográfica, Historias reales, Río Colorado | 10 comentariosEtiquetas: Biblioteca, Río Colorado
Dedicado a Eliana, que me ayudó a descubrir este mágico mundo.
Dicen que a todos nos toca un privilegio en la vida, que solo hay que saber ver. El mío fue haber crecido a media cuadra de un lugar capaz de hacerme dar la vuelta al mundo en ochenta hojas y conquistar el universo en apenas un renglón. De ser astronauta, princesa, bruja, heroína, y todo lo que mi imaginación quisiera, con solo dar vuelta una página.
Mi privilegio fue haber tenido la Biblioteca Popular “Domingo F. Sarmiento” a la vuelta de mi casa. Tener la oportunidad de bucear en cada historia y que nadie me impidiera hacerla propia. Poder, desde muy pequeña, ejercer mi derecho a imaginar y aprender en cada vuelo. Revolver cada estantería, en busca del libro que se convertiría por unos días, en mi mejor amigo. O encontrar en Jo -mi personaje más querido de Mujercitas- a un espejo de mis sueños como escritora. Continuar leyendo 64. El lugar donde no existen las fronteras….
60. Palabras invertebradas
3 julio 2011 a las 2:38 pm | Escrito en Autobiográfica, Palabras invertebradas | 4 comentarios…no son estrictamente poesías, no respetan técnica alguna. Son apenas palabras que solo se sostienen en mi. En esta ocasión, van dos: Libertad y Mi columna invertebral. Algo así como el anverso y reverso de una misma historia. Porque la vida es eso, contrastes.
(1) Libertad
Ella cria cielos,
que alimenta de barriletes perdidos.
Es dueña de un mar,
que enjaula en sus lagrimales.
Y se viste de flores,
que cosen gusanos de seda.
Ella juega a esconderse.
Él nunca la encuentra.
Duerme entre magnolias,
que abrigan su efímera eternidad.
Y bebe de esa boca,
que enmudece al gritar.
Ella llega.
Él se va.
Sueñan siempre,
la misma pesadilla.
Y ahí se encuentran.
Entonces Ella
abandona sus cielos,
libera su mar,
descose sus flores,
despierta,
y vuela.
.
(2) Mi columna invertebral
Una orgía indómita de sentimientos,
crueles y placenteros,
que se debaten entre endorfínicas lágrimas de pasión,
atrapadas en una luz caleidoscópica
de una ilusión que te enceguece.
Y te subyuga.
Estrepitosamente.
Ella, tan bella y también sádica.
Tan hermosa que duele.
Recordándote siempre
que en algún lugar,
en un tiempo,
se desvanece
y sucumbe. Ante Él.
Que despierta
desde la penumbra.
Desde donde nunca se fue.
Donde la sangre se aquieta
y el mundo nuevamente
gira en silencio,
sombrío,
tímido,
pesadamente inerte.
Impetrando por Ella,
por su regreso,
con su grandilocuencia
su ferocidad oral.
Y así recomience la historia,
de mi incolumne
existencia invertebral.
Por Ludmila Brzozowski
57. Los muchachos de UOCRA las prefieren con casco
13 abril 2011 a las 3:59 pm | Escrito en Autobiográfica, Periodismo | 4 comentariosEtiquetas: Bahía Blanca, UOCRA
[de cómo terminé en medio de la manifestación de UOCRA]
Faltaba más de una hora para mi turno con el médico y el cielo bahiense amenazaba con llover. Eran las 8:25 am. Irme a algún barcito de por ahí a tomar un café y leer el diario, sería una buena opción para pasar el tiempo. Pero un ruido a bronca acumulada llamó mi atención. Continuar leyendo 57. Los muchachos de UOCRA las prefieren con casco…
52. La vida en una burbuja
31 octubre 2010 a las 9:26 pm | Escrito en Autobiográfica, Historias reales | 4 comentarios.
[recuerdos de Mar de Plata, año 2006]
Sol, arena y mar. Y doscientos metros separando la vida de la muerte. No iba a ser un domingo más en Mar del Plata. Luz, cámara, acción, y centenares de anónimos preparados para ser parte de la publicidad del verano. Pieles bronceadas respondían a las órdenes de un director cuyos gritos agigantaba un altoparlante: “Ustedes ¡muévanse, seduzcan!”. Y ellas obedecían, cual si fueran la reencarnación de Marilyn.
La sensación térmica en aquella playa elegida como escenario, se medía en hormonas. Los que estaban de paso, aumentaban esa masa de público que miraba atónito tanta felicidad artificial. Modelos de seres humanos, bailaban al ritmo de una música tan pegadiza que hasta los fosforescentes caballos marinos hubieran dejado a Alfonsina, por hacer una ronda en esa escollera. Los extras no despegaban los ojos de las cámaras, esperando el momento justo para tener su segundo de gloria. No faltaban los que se animaban a improvisar esperando que descubrieran su talento actoral. Por momentos, hasta me pareció estar viviendo alguna página de Un Mundo Feliz.
El tiempo parecía detenerse en aquel atardecer. El sol se escondía, y con él parecían irse las miserias humanas. “La vida te sonríe al tomar esta marca de cerveza”, pensé. Y seguí caminando, culpando a mi paladar por preferir otro tipo de bebidas. De lejos, llegó un sonido angustiante. Pero ni el ulular de una ambulancia interrumpió tanta farsa. Tampoco se enteraron de lo que sucedía a sus espaldas. La vida se esfumaba bajo la espuma, y no precisamente la derramada en un chop.
Las luces intermitentes de los patrulleros, parecían hacerle un guiño a los últimos rayos del día. Los gritos desesperados hacían eco en la infinitud del mar. Y volvían siendo llanto en cada ola que no lo traía a él. Al joven que nadie había visto salir a flote, después de tirarse a nadar a orillas de esa otra escollera. “Seguro se golpeó la cabeza”, decían unos. “Capaz que se le trabó un pie con las piedras y no pudo salir”, sostenían otros, agregando cada vez más morbo a sus teorías. Nadie lo encontraba, ni los bañistas ocasionales, ni los buzos experimentados. Y todos la miraban a ella, a esa mujer menuda que no podía dejar de gritar el nombre de su amor. Ni tres fornidos policías pudieron detenerla en su maratón por la playa, hasta que sola cayó de rodillas frente al mar. La inercia parecía haberse apoderado del tiempo. Cada segundo parecía eterno. “Ahora van a comenzar a buscar mar adentro, siguiendo la corriente de los canales”, explicaba un marplatense que vio muchos cuerpos desaparecer junto a la marea.
Ya estaba anocheciendo. Los gritos y la música comenzaban a disiparse en cada punta de aquella bahía. Cuánta arena, resumiendo la vida y la muerte. Miré por última vez el faro que iluminaba a lo lejos, y volví tras mis pasos. El joven no había aparecido. Y a doscientos metros, se escuchaba: “¡Corten!, salió perfecto. Todos a casa”. Alguien preguntaba qué había pasado ahí cerca. “Nada, parece que se ahogó otro pibe”, le respondieron. “Uh, qué bajón. Bue… ¿Vamos a festejar? ¡¡En poco tiempo vamos a ser famosos!!”. Risas. “Dale, esto no pasa todos los días”, decía el compañero de aventura.
Al día siguiente, una escueta columna en el diario La Capital, agregaba un ahogado más a las estadísticas de ese verano que apenas comenzaba. Pudo haber sido un domingo más en Mar del Plata. Salvo que fueras parte de un comercial.
Ludmila Brzozowski
48. Vuelta al ruedo
28 agosto 2010 a las 8:50 pm | Escrito en Autobiográfica | 1 comentarioA pedido de algunos lectores, vuelven mis letras. Notarán un nuevo aire en el diseño…aunque es provisorio. Por lo pronto, agregué algunos textos de los escritos durante este tiempo que mantuve el blog cerrado. Pueden pispear el archivo y elegir el que quieran leer, haciendo click aquí.
A
bro la tranquera nuevamente…espero que lo disfruten y, como siempre, son bienvenidos los comentarios. Aunque no siempre responda, sí los estoy mirando.
Ludmila
33. Sobre la adultez y otras yerbas
4 junio 2010 a las 11:43 pm | Escrito en Autobiográfica, Palabras ajenas, Pensares | 2 comentarios.
“Adultarse es eso, adulterarse: empezar a saber que lo que uno ha supuesto para su vida no va a ser su vida. Que uno se imagina que tal o cual van a durar y que no duran. Que cualquier pena se va desdibujando, aunque parezca eterna. Que hace 20 años uno se equivoca siempre; incluso cuando acierta”.
Martín Caparrós, en “Una luna”….
(qué justo que lo empiezo a leer, y me topo con eso. ¿Qué justo?)
.
Y si con eso no queda claro… Continuar leyendo 33. Sobre la adultez y otras yerbas…
31. Afonía
24 mayo 2010 a las 12:44 am | Escrito en Autobiográfica, Pensares | 2 comentariosEtiquetas: Morse
28. El dibujo que Clorindo Testa dejó en Bahía Blanca
12 mayo 2010 a las 12:14 pm | Escrito en Autobiográfica, Periodismo | 1 comentarioEtiquetas: Clorindo Testa
Hay veces en la vida, que es bueno ser atrevido, si acaso es una irreverencia pedirle a un señor de 86 años, que nos haga un simple dibujo para tener de recuerdo. Quizás lo sea cuando su reseña dice que es un prestigioso artista plástico y uno de los arquitectos -sino El arquitecto- más influyentes en la segunda mitad del siglo XX en Latinoamérica, y un simple trazo suyo, cotice más alto que cualquier rascacielos. Continuar leyendo 28. El dibujo que Clorindo Testa dejó en Bahía Blanca…
27. Volar sin alas
6 mayo 2010 a las 11:03 am | Escrito en Autobiográfica, Historias reales, Mis VIDEOS, Periodismo, Río Colorado | 4 comentariosEtiquetas: Equinoterapia
(Realización, edición y texto: de mi autoría. Reseña del video al final del artículo)
La Escuela de Equitación Terapéutica “Mari Mari”, es una institución que funciona desde 2004, y actualmente se encuadra dentro de la Asociación Rural del Sur Pampeano, ubicada en la localidad de La Adela (La Pampa). Desde su espacio, ofrece a las personas con discapacidad, la oportunidad de acceder a una terapia integral, utilizando como recurso principal el caballo y las prácticas ecuestres. Coordinada por la Lic. en Psicopedagogía Marisa Daita, la propuesta, profesional e interdisciplinaria, abarca las áreas de Salud, Educación y Deporte.
Pese a esto, lamentablemente aún existe una idea equivocada de que los caballos utilizados, son animales de paseo, y que la recreación de la persona es el único fundamento de la terapia. Si así fuera, no tendrían sentido las sesiones que se realizan pese a las desventuras climáticas, pues una de las premisas para el logro de los objetivos, es la continuidad y periodicidad de las sesiones terapéuticas.
Entonces ¿por qué el caballo?
Porque está científicamente demostrado que: Continuar leyendo 27. Volar sin alas…
26. Un mundo lleno de negros
3 mayo 2010 a las 12:31 am | Escrito en Autobiográfica, Historias reales, Pensares | 4 comentarios[blancos, grises y naranjas]
Sucedió en mi Mar del Plata querida. Por aquel entonces, los medios no hablaban de cumbios, ni de ninguno de esos jóvenes especímenes que hoy pululan en cuanta investigación sobre tribus urbanas se realice. Pero mis ojos le decían a mi memoria, que algo estaba sucediendo en la gente que a diario me cruzaba al regresar de mi trabajo.
Aun en una gran ciudad donde podemos suponernos uno más que camina, aunque somos muchos y no nos conocemos, sí nos registramos. Y mi registro indicaba que, además de los yuppies, promotoras, pibes descalzos pidiendo limosna y vendedores ambulantes que pisaban las mismas baldosas que yo, especialmente en cercanías de la Catedral de la ciudad era habitual reconocer ciertos grupos humanos:
Estaban los neo hippies, cuyos cabellos parecían proclamar “es mejor tener el pelo libre, que la libertad con fijador” como decía aquella vieja canción; no obstante, cuando el hambre sorprendía a sus pequeños en las interminables jornadas en la Feria de Artesanos, se cruzaban al Mc Donald de la cuadra a comprarles una hamburguesa, de esas cuyo penetrante olor jugaba a mezclarse con el clásico aroma a incienso de sus puestos feriales. Los nuevos hippies que le dicen, o lo que quedó de aquel movimiento que quiso cambiar el mundo con sus ideales de amor y paz, su modo de vida comunitario, renegando del nacionalismo, la Guerra del Vietnam, y el ferviente consumismo capitalista. Hoy mezclan la bambula con las Converse de moda. Continuar leyendo 26. Un mundo lleno de negros…
25. La casa invita
1 mayo 2010 a las 12:47 pm | Escrito en Autobiográfica, Curiosidades | Deja un comentario…a regodearse la vista con un paseo por el blog de Fani Ilustrada
23. Soplá la vela
13 abril 2010 a las 12:01 am | Escrito en Autobiográfica | 1 comentario.
Donde hubo fuego… Continuar leyendo 23. Soplá la vela…
22…entre Vos & Yo
7 abril 2010 a las 12:48 am | Escrito en Autobiográfica, Pensares | 6 comentariosSi no sos Vos, no sigas leyendo
.Tu, mi sustantivo abstracto, ven. Unamos nuestras invisibilidades. Vulnera mi pretérito anterior. Soñemos con un futuro pluscuamperfecto y conjuguémonos en un sujeto tácito.
.
Foto y texto: Ludmila Brzozowski
20. ¿Quién se comió el chocolate?
2 abril 2010 a las 7:46 pm | Escrito en Autobiográfica, Historias reales, Pensares, Río Colorado | 7 comentarios[A propósito de la guerra de Malvinas]
Esa tarde, mamá había comprado un chocolate Águila de los grandes. Esos “para taza”, ideales para hacer una chocolatada bien caliente en esas noches
en que el frio no perdona ni al más guapo de los soldados. Lo abrimos, pero solo para utilizar el envoltorio. En la parte blanca del papel, viajarían nuestros trazos infantiles. Eliana -mi hermana mayor- ya sabía escribir, así que me ayudó con mis primeros garabatos. Entre las dos, escribimos una carta. Mamá se encargó de envolver el chocolate nuevamente, con ese mismo papel ahora todo escrito en su lado interno. Para hacer frente al frío, que mejor que un Águila envuelto en palabras de aliento que lleguen desde lejos. Palabras de dos niñas, tan anónimas como quien lo recibiría… Continuar leyendo 20. ¿Quién se comió el chocolate?…
19. Ni héroes, ni próceres
29 marzo 2010 a las 12:33 pm | Escrito en Autobiográfica, Historias reales, Periodismo, Río Colorado | 8 comentariosApenas personas haciendo a un pueblo.
Río Colorado, es una ciudad ubicada al noreste de la provincia de Río Negro que -como tantas las que se fundaron a través de la historia- nació espontáneamente a orillas del valle inferior de un río que supo de aguas tórridas y arcillosas, del que el pueblo tomaría mucho más que su nombre. Hoy, a 109 años de su nacimiento formal, es una de esas ciudades con alma de pueblo, a la que solo un puente la separa de aquello que ya no es Patagonia, a la vez que la une con la pequeña comunidad de La Adela, situada en la provincia limítrofe de La Pampa. Sus pilares económicos, la producción ganadera y frutícola, han debido soportar los debacles de la economía nacional y los ilógicos cambios climáticos que acucian al mundo. Como pueden, chacareros y ganaderos, la siguen luchando. Continuar leyendo 19. Ni héroes, ni próceres…
16. Suspiro otoñal
21 marzo 2010 a las 3:32 pm | Escrito en Autobiográfica, Río Colorado | 1 comentario[foto de mi autoría: otoño en Río Colorado]
Nunca entendí por qué el otoño es metáfora del adios, de la vejez, del olvido. Mis otoños siempre han sido el umbral a nuevos desafíos. La esperanza tiene para mí la luz del amarillo fundida con la calidez del naranja. Las hojas no se caen para morir, sino para que el árbol mute y reverdezca en primavera. Como cuando nuestra piel renueva sus células. Como la vida misma, que sin cambios, sería como nadar en aguas estancadas.
No es epílogo el otoño. No son hojas que se caen en vano, no son vacíos. Son espacios para llenar con lo mejor que podamos dar y hacer. Como quien no ve la copa vacía ni llena, sino que pone manos a la obra para llenar la mitad que falta. Continuar leyendo 16. Suspiro otoñal…
01. Danzando sobre el abecedario
7 enero 2010 a las 5:05 pm | Escrito en Autobiográfica | 1 comentarioTenía 5 años y pico cuando me di por enterada de que mi nombre era Ludmila. Si, a secas sin segundo nombre. No pude terminar de asimilar que era ese y no Ludi -tal mi apodo de la infancia-, que ya la maestra de primer grado pretendía que lo aprendiera a escribir de corrido y sin mirar. Y claro, como si eso no fuera suficiente, después del Ludmila venía una lista interminable de más consonantes que vocales que, en su conjunto y bien escrito, heredé como apellido. Y, ojo…que no eran la “c”, o la “d”, o la “m” que por ahi son más populares. No señores. Cuando mis compañeritos aprendían el principio del abecedario ¡¡yo ya tenía que empezar a aprender el final!! Eso me hizo una nena avanzada. De entrada, supe que existían la “z”, la “w” y que la “k” se usaba más que para kilo. Continuar leyendo 01. Danzando sobre el abecedario…
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