05. Te ganarás el cielo

12 enero 2010 en 7:54 pm | Publicado en Periodismo | 4 comentarios
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Yo vengo a ofrecer mi corazón, mi pulmón y mi riñón

La vigente Ley sobre donación de órganos y tejidos, aplica el concepto de  consentimiento presunto: el supuesto de que todos los habitantes están dispuestos a donar y, en este caso, lo que tienen que expresar explícitamente es la voluntad de no quererlo. ¿Qué sucede cuando alguien muere y nunca se expresó ni a favor ni en contra? ¿La familia tiene poder de decisión? Por Ludmila Brzozowski

Desde chicos nos enseñaron que, si nos portábamos bien, nuestro alma tendría asegurado un lugar en el cielo. Para cuando nuestra existencia terrenal llegue a su fin, hoy sabemos que también es posible la donación de órganos y tejidos. Sin quitar méritos al más allá, acaso ayudar a salvar otras vidas, pueda ser una  buena decisión para honrar la existencia . La propia y la ajena.

Pero como siempre que se habla de muerte, aparecen tabúes, mitos o simplemente miedos, que sólo es posible derribar a través de la educación. Porque no es lo mismo una población informada, que ya tiene una postura frente a la muerte, que la situación de las familias que nunca hablaron o se informaron del tema”, enfatiza la Dra. Cristina Orlandi¹, médica cirujana de Terapia Intensiva del Hospital “Francisco López Lima” de Gral. Roca, que en el año 2003 tuvo a su cargo el equipo que en dicho centro de salud, realizó la primera ablación múltiple concretada en la provincia de Río Negro. Además, es referente del  Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) ² en dicha provincia, y como tal, convive a diario con el dolor y la esperanza.

Porque frente a la muerte, también yace la esperanza de la continuidad de otra vida, y aunque ningún profesional quiera la muerte de su paciente, reconocer las probabilidades es necesario para poder actuar a tiempo. Lo sabe la doctora Orlandi cuando asume que “uno tiene que anunciar la muerte de un familiar y a la vez hablar con la familia sobre la donación, casi en el mismo momento, porque no hay que olvidar que una vez que la muerte cerebral se estableció, quedan pocas horas de tiempo para mantener los órganos dentro de una vitalidad que se requiere para la ablación e implante”.

Suena crudo, son esas situaciones que uno no espera tener que afrontar nunca. Pero puede pasar, y es mejor estar informado.

Entre estadísticas y leyes

En el año 2005, los registros difundidos por el INCUCAI, informaban la existencia de 5749 personas que a nivel nacional, esperaban la donación de un órgano. A la vez, solo 11 personas por millón de habitantes, habían manifestado expresamente su voluntad de donar sus órganos al momento de su muerte. Por otra parte, dadas las condiciones específicas necesarias para que pueda efectivizarse, las estadísticas dicen que la donación de órganos es posible sólo en 5 de cada 1000 fallecimientos. Considerando estos datos, la realidad indicaba que para reducir a la mitad la cantidad de pacientes aguardando un trasplante, habría que triplicar el número de oferentes. Esta ecuación puede resultar fría y distante a sabiendas que hablar de muerte es también hablar de dolor, de lágrimas, de desconsuelo, y especialmente de duelos. Pero el cálculo se hace necesario, cuando también la muerte puede significar una luz de esperanza.

¿Pero qué ocurre cuando alguien muere, sus órganos están en condiciones de salvar otra vida, pero no pertenece a ese pequeño porcentaje de personas que expresó claramente su intención de ser donante en un caso así?

Hasta el año 2005, la decisión la tenía la familia íntegramente. Y la negativa en este caso, alcanzaba al 50% del total de casos. Demasiado cuando se habla de la posibilidad de ayudar a otros a seguir viviendo. ¿Por qué tanta resistencia a ello? La desinformación o desconocimiento se llevaron buena parte de los motivos de esta estadística, pero también otras realidades innegables, como el fantasma del tráfico de órganos, las propias creencias religiosas en la familia del fallecido, y el temor mismo de admitir la propia muerte o de las personas queridas.  También otras causas menos difundidas, como: la falta de aviso de los médicos terapistas de la existencia de pacientes con muerte cerebral, el inadecuado mantenimiento de los pacientes donantes y la negativa familiar y judicial (Favaloro, 1994).

Lamentablemente, la lista que se renueva minuto a minuto en el sitio web del INCUCAI, indica que actualmente hay más de 6 mil personas en lista de espera. Esto también significa una cantidad angustiante de minutos al aguardo de un llamado telefónico que infunda un poco de esperanza. La contracara de esta situación, es que la tasa de donantes en los últimos años muestra un ritmo creciente. Eso significa, menos miedos y prejuicios.

Los proyectos implementados por el INCUCAI para educar y concientizar a la población, fueron imprescindibles para forjar esta nueva realidad. También fue decisiva la modificación que en el año 2005 y por Ley 26.066 se le introdujo a la  “Ley de Trasplante de Órganos y Tejidos”. Este hecho significó la incorporación de la figura del donante presunto para la donación de órganos. La actual legislación, precisamente  conocida como Ley de Donante Presunto, entró en vigencia en abril de 2006.

Ley de Donante Presunto

Ludmila –   ¿A qué se refiere en términos generales esta ley?

Dra. Cristina Orlandi – La Ley del Donante Presunto considera -como también lo hacía la ley anterior- que toda persona mayor de 18 años podrá manifestar en vida, en forma escrita, su voluntad afirmativa o negativa a la donación de órganos y tejidos. Pero cuando no hay una manifestación expresa, y la persona fallece, la ley presume que la persona es donante. Y en esos casos, que no hubo una manifestación en vida de que hubo voluntad, es la familia la que da un testimonio de la última voluntad del fallecido.

¿Y en los casos en que fallece un menor?

Si la persona es menor de 18 años, no ha podido manifestar formalmente su voluntad, entonces en estos casos de fallecimiento de un menor de edad, son los padres o representantes legales de ese menor, los que pueden decidir la donación y autorizar la ablación  de órganos o tejidos.

TRÁMITES. Los trámites para manifestar expresamente la voluntad respecto a la donación de órganos y tejidos de su propio cuerpo, pueden cumplimentarse a través de las siguientes vías:

• Firmar un acta de expresión en el INCUCAI, en los Organismos Jurisdiccionales de Ablación e Implante de todo el país, o en la sección Documentación de la Policía Federal.

• Asentarlo en el Documento Nacional de Identidad en las oficinas del Registro Civil de todo el país.

• O bien, se puede enviar un telegrama gratuito desde las dependencias del Correo Argentino de todo el país (sólo para expresar oposición), cuyo texto es allí provisto.

Como recuerda la Dra. Orlandi, cada vez que uno va al Registro Civil, por cualquier trámite, el organismo debería preguntar a la persona su voluntad (afirmativa o negativa) y dejarlo sentado en el DNI. En cualquiera de los casos, es requisito indispensable ser mayor de edad (tener18 años o más).

También aclara: Si la persona no cumplimenta esto y nunca lo manifestó en forma escrita, al fallecer se le pregunta a la familia: no como decisión, sino como testimonio de la voluntad del fallecido. Es decir, se les consulta si ellos conocen lo que en vida pensaba la persona, si alguna vez ésta mencionó sus deseos al respecto o si hablaron en familia del tema y el fallecido alguna vez se expresó a favor o en contra. Entonces la familia ya no tiene la responsabilidad de la decisión frente a la muerte, sino lo único que hace es testimoniar acerca de la voluntad de la persona mayor de edad

Supongamos que uno lo expresa por escrito, pero luego se arrepiente ¿puede revocar esa manifestación primera?

Se revoca por los mismos canales en que se puede expresar la voluntad afirmativa. La decisión no es irrevocable (…) También hay que aclarar que en caso de manifestación afirmativa, la persona puede limitar la voluntad a la donación de determinados órganos y tejidos y condicionar la finalidad de la donación. Es decir, puede determinar cuáles son los órganos que desea donar y con qué fines -trasplante o investigación.

¿Y en caso de que la persona nunca hubiera hablado del tema o no hubiera manifestado de ningún modo sus deseos respecto a una posible donación?

Y, en ese caso, para la ley es donante.

Cuando se habla de consentimiento presunto se refiere al supuesto de que todos los habitantes están dispuestos a donar y, en este caso, lo que tienen que expresar explícitamente es la voluntad de no donar. De todos modos, según cuenta la Dra. Orlandi, siempre se pasa por el testimonio familiar. Se confía en la sinceridad de la familia. Por supuesto siempre se trata, en la entrevista familiar de lograr que la familia viva ese momento de un modo no traumático, y en lo posible que esté de acuerdo con la donación”.

– ¿Y si la familia se opusiera, aún cuando la persona fallecida manifestó en vida su voluntad a favor de la donación?

– Ante todo, se respeta la última voluntad de la persona fallecida. Si esa voluntad fue expresada en forma escrita, con más razón, se respeta esa decisión personal registrada en vida. De igual modo que si sucediera en la situación inversa

– ¿Cómo se llega a esa instancia? Imagino que será bastante inmediata al momento en que se declara la muerte o aun anterior a ello ¿verdad?

– Si, hay que saber primero que nos referimos a lo que en términos médicos se llama muerte encefálica o cerebral (en que hay un daño neurológico irreversible que hay que diagnosticar y verificar para considerar a esa persona donante potencial).  En el caso de que se detecte una muerte cerebral dentro de una terapia intensiva, se tiene una entrevista con la familia, primero para darle el diagnóstico certero de muerte encefálica y explicarle que la persona está muerta y en las horas que siguen se va a producir la parada cardíaca. Y por otro lado, los coordinadores hospitalarios que siempre se encuentran en las ciudades donde hay servicio de terapia intensiva, ya sea del sector público o privado, se acercan a la familia para hablarles de la donación y pedirles el testimonio en vida del fallecido.

Según remarca la referente del CUCAI RN, este momento es clave y a la vez muy complejo para las dos partes. Por un lado, la familia necesita iniciar el duelo de una muerte que además, debió ocurrir en circunstancias violentas e inesperadas (no producto de una larga enfermedad, que deteriore el cuerpo). Encima de ello, el significado de muerte cerebral  suele confundir y esconder la falsa esperanza de que aún exista un mínimo de vida posible. Y frente a esta situación, la premura con que los profesionales necesitan actuar para salvar una o más vidas, ante la posibilidad de órganos o tejidos aún útiles. Por eso, es importante el diálogo en familia respecto a este tema, y la información como recurso fundamental para lograr una población con una postura clara frente a la muerte. “Porque no hay que olvidar que una vez que la muerte  cerebral se estableció quedan pocas horas de tiempo para mantener los órganos dentro de una vitalidad que se requiere para la ablación e implante, repite la Dra. Orlandi.

– ¿De qué tiempo estamos hablando aproximadamente?

– No hay muchas horas. Son las siguientes 12 a 24 hs aproximadamente. Y aparte la ley es bastante estricta en el diagnóstico de muerte, entonces el proceso mismo que implica llegar al diagnóstico tiene una exigencia de horas, que hace que se trabaje contrarreloj. Para un diagnóstico de muerte, en los adultos hay que esperar seis horas más para reconfirmarla con un segundo diagnóstico, y en los niños doce horas más. Mientras tanto, es imprescindible hacer el mantenimiento del donante -es decir, de la persona fallecida-  de la mejor manera, porque una vez que muere el cerebro comienza el proceso de muerte en los demás órganos y ya se desregula  la temperatura, hay problemas para mantener la presión, la función renal, entre otras funciones. Por eso este proceso siempre tiene lugar en las áreas de terapia intensiva donde existan  médicos intensivistas que conozcan los procesos, dado la rapidez con la que hay que actuar.

fuente: Clarín (2005)

Ahora hay nuevas tecnologías que hacen que no se necesiten tantas horas de espera para la confirmación del electroencefalograma que diagnostica la muerte cerebral. La Arteriografía Cerebral y la Ecografía Cerebral son dos de estos nuevos recursos cuya precisión hace que no se requiera de una segunda confirmación del diagnóstico, con lo cual, se ahorra tiempo que puede hacer la diferencia entre salvar o no una vida. Como siempre sucede, el problema de estas nuevas tecnologías es que son costosas y no están mayormente disponibles en todos los centros de salud públicos.

Informarse para no temer

Si ya de por si diagnosticar la muerte no es tarea sencilla, la ablación y trasplante de órganos y tejidos, no insume menos recursos y energía. Es que, en su conjunto, donar órganos es en sí, una cirugía mayor. Hay que tener en cuenta que además, es necesario un sinfín de análisis de compatibilidad para asegurarse de que quien reciba el órgano no lo va a rechazar. Esto significa que la operación requiere de muchas personas capacitadas e instituciones que cuenten con los medios necesarios para hacerlo. No se puede realizar en cualquier lugar. El destinatario del órgano o el tejido, tiene que estar internado y tiene que tener un postoperatorio.

A su vez, la ablación también requiere de técnicas precisas para evitar deteriorar los órganos o tejidos que puedan implantarse en otro cuerpo. Si todo esto fuera poco, el tiempo de conservación de cada órgano o tejido, no es ilimitado, con lo cual su traslado al lugar donde se concretará el trasplante, significa desplegar un operativo logístico que incluye desde helicópteros hasta ambulancias.

La donación de órganos, entonces, implica que haya dos organizaciones: una que busque donantes y otra que busque receptores. No cualquier donante es compatible con cualquier receptor. Cuando se comprende la complejidad de este proceso, comienzan a disiparse los miedos acerca de operativos clandestinos de robo y tráfico de órganos. Y también se hace más necesaria la educación de la población al respecto, para que, como remarcó la referente del INCUCAI una y otra vez, las personas puedan tener una postura frente a la muerte, y también a la posibilidad de con ello salvar una o más vidas. / Por Ludmila Brzozowski – 09/ 2009

<<< >>>

Más info: www.incucai.gov.ar

¹ La Dra. Cristina Orlandi es referente y coordinadora hospitalaria del INCUCAI en la provincia de Río Negro (sede CUCAI RN). Es médica cirujana y  actualmente se desempeña como médica en el área de Terapia Intensiva del Hospital “Francisco López Lima” de la ciudad rionegrina de Gral. Roca. En el año 2003 tuvo a su cargo el equipo que en dicho centro de salud, realizó la primera ablación múltiple concretada en Río Negro.

² El INCUCAI es el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante de la República Argentina. Es el organismo que impulsa, normatiza, coordina y fiscaliza las actividades de donación y trasplante de órganos, tejidos y células en nuestro país. Actúa en las provincias argentinas junto a 24 organismos jurisdiccionales de ablación e implante con el fin de brindar a la población un acceso trasparente y equitativo al trasplante.

Nota: el artículo es parte de un Trabajo Práctico basado en una entrevista telefónica que le realicé a la Dra. Cristina Orlandi (INCUCAI) en mayo de 2008, para un programa de televisión.

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4 comentarios »

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  1. Hola ! informarse para no temer … informarse para informar a los que temen donar ! Dondar es dar vida…
    besoos

    • Claro que sí, Elo. Informarse para no temer, pero también para que la decisión o voluntad que se tenga al respecto -a favor o en contra- sea a conciencia.

      Como aquella entrevista con la Dra. Orlandi fue telefónica, quedaron muchas preguntas por hacer, pero creo que aclaró muy bien de qué se trata este concepto de “donante presunto“. Ese fue el objetivo, y creo que lo cumplí.

      Luego, la mamá de Manuel -el primer donante de órganos que tuvo Río Colorado- se animó a contar lo que se vive del lado de la familia del donante. Una mujer a la que admiré por su entereza y que me estremeció por su necesidad de contar a otros esa vivencia, y de infundir ánimo y vida, a pesar del dolor aún latente en sus ojos. Es bueno escuchar las dos campanas, ya que generalmente se difunden las historias de los que tuvieron la oportunidad de vivir gracias a un donante anónimo.

      Uno espera no tener que pasar nunca por ninguna de esas dos situaciones (ni de necesitar un trasplante, ni de tener que dar testimonio de la voluntad de un ser querido que acaba de morir), pero es bueno estar informado si ese momento llega.

      ¡Gracias, Elo! Como siempre, estás al pie del cañón.

  2. El que no dona que diga…
    ===========================================
    Cuando se necesita un órgano no hay tiempo que perder.
    Si un órgano no se usa se lo comen las bacterias. Qué prefiere?
    =========================================

    Se reducirá el tráfico de órganos?
    El negocio del tráfico de órganos existe porque es más grande la demanda que la oferta. La oferta es pequeña porque nadie dona.
    Si todos somos donantes, por defecto, la oferta superará la demanda y el tráfico ilegal ya no tendrá más sentido como negocio.

    Mito o realidad?

    • Interesante el video, Eliana. Yo también he leído sobre esas historias de personas a las que supuestamente le quitaron un órgano después de llevarlas a un hotel y drogarlas. Es absolutamente ridículo e imposible que eso suceda. Imaginate que cuando se ablaciona un órgano en una persona fallecida, se lo hace con sumo cuidado para protección del propio órgano y para no desfigurar a esa persona aunque esté muerta…con más razón, extraer un órgano en una persona que luego de eso permanecerá viva, requiere de mayores recaudos como para hacerlo en una habitación de hotel. Y hay que considerar que solo un riñón o una sección de hígado, son los únicos órganos posibles de donar (extraer) en vida.

      Además, para que se produzca la ablación y el órgano sea utilizable luego, el cuerpo de la persona ya muerta debe mantenerse artificialmente hasta que finalice la extracción. Y eso solo es posible cuando murió en una unidad de terapia intensiva, esto es, en un hospital o sanatorio. ¡No en un hotel!

      El único caso que admite otros lugares para su extracción, son las córneas, porque entiendo que después de muerta la persona, pueden ser útiles pasado más tiempo que cualquier otro órgano…no se exactamente cuánto. Y esto es lo que potencia el temor a que te las extraigan hasta en la casa velatoria.

      De todos modos, hay mucha ignorancia al respecto, muchos tabúes, y mucha gente que cree en esos mitos y los multiplica.

      Otro sitio web que me parece muy claro, es el de CUCAI Entre Ríos. Responden con claridad algunas de las preguntas que cualquiera se hace: http://www.cucaier.gov.ar/donacion.php

      Hacia el final dicen, por ejemplo: “… sólo 1 de cada 100 defunciones serán aptas como donantes efectivos”. Eso te da otra idea, de cuánto de mito hay en torno al tráfico de órganos. Claro que cuando el río suena, puede traer agua. Pero ya viste, no es tan simple como quitarle un pedazo de hígado a alguien en un hotel. Mi teoría es que muchas de las personas que desaparecen, es porque caen en otro negocio para el cual las necesitan bien vivas: la Trata de personas.

      En fin, es un tema que da para mucho. Y lo más adecuado sería que fuera respondido por quienes están en ello. Lo bueno es saber qué se piensa al respecto, los mitos que circulan, las preguntas que todos nos hacemos, etc. Por eso, antes que nada, es necesario saber de qué se trata eso de que, mientras no hayamos dejado constancia o testimonio de voluntad negativa, para la legislación argentina, todos somos donantes (Ley de donante presunto, que se llama).


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