19. Ni héroes, ni próceres

29 marzo 2010 en 12:33 pm | Publicado en Autobiográfica, Historias reales, Periodismo, Río Colorado | 8 comentarios

Apenas personas haciendo a un pueblo.

Río Colorado, es una ciudad ubicada al noreste de la provincia de Río Negro que -como tantas las que se fundaron a través de la historia- nació espontáneamente a orillas del valle inferior de un río que supo de aguas tórridas y arcillosas, del que el pueblo tomaría  mucho más que su nombre. Hoy, a 109 años de su nacimiento formal, es una de esas ciudades con alma de pueblo,  a la que solo un puente la separa de aquello que ya no es Patagonia, a la vez que la une con la pequeña comunidad de La Adela, situada en la provincia limítrofe de La Pampa. Sus pilares económicos, la producción ganadera y frutícola, han debido soportar los debacles de la economía nacional y los ilógicos cambios climáticos que acucian al mundo. Como pueden, chacareros y ganaderos, la siguen luchando.

Entre sus casi 20 mil habitantes, se pueden rastrear los apellidos de aquellos inmigrantes rusos, polacos, italianos, franceses, vascos, y tantas otras nacionalidades que llegaron a estas tierras a hacer la América. De vez en cuando, también resabios de movimientos migratorios que llegaron de más cerca, quizás Chile o Bolivia, y muchos más de la propia Argentina, que -en las buenas épocas- se acercaron seducidos por la necesidad de ciertas profesiones y empleos en la región.

Todos, hombres y mujeres que sufren, sienten, ríen, lloran, nacen, mueren, aman, se enferman, piensan, odian, aprenden, olvidan, construyen, se solidarizan, recuerdan, crean, destruyen, sanan, se casan, se divorcian, se van, vuelven, se reproducen, festejan, aplauden, hacen el amor, suspiran, sueñan, tienen frío, tienen calor, hambre y sed,  imaginan, luchan, lastiman, respiran. Seres anónimos, cuya existencia seguramente pase desapercibida a quienes escriben la historia oficial de los pueblos.

Personas que sin pretender páginas en los libros de historia, escriben en el aire la memoria cotidiana de su terruño. No son héroes ni próceres; apenas hombres y mujeres que se multiplican y se entrelazan, y con ello, van fluyendo sus valores, sus símbolos, sus costumbres, sus modos de entender el día a día, sus incuestionables normas sociales y hasta sus utopías. Todos diferentes y únicos, y  todos parecidos al ser humano mismo. Todos, siendo y haciendo a Río Colorado. (1)

Y también formando parte de una historia con muchos nombres, que comenzó antes, mucho antes de 1901.  Cuando sus primeros habitantes y dueños originales de estas tierras -mapuches y tehuelches- ya desde  antes que “el hombre blanco” desembarcara en América, debieron lidiar con los fuertes vientos y los crudos inviernos que azotaban la región, y les impedían asentarse en sus cultivos. Y luego, a la fuerza natural del viento se sumó el poderío del “hombre civilizado” que los sometería y exterminaría en pro de la conquista de nuevos territorios.

La leyenda cuenta que el General Julio A. Roca, al mando de aquella campaña de Conquista al Desierto (1879), agotado en su lucha contra los infatigables malones, se detuvo a descansar a la sombra de alguno de los árboles que crecían naturalmente en aquella zona. El alto en el camino parece que alivianó sus dolores, y su registro de que esa había sido una “buena parada”, sirvió para bautizar con ese nombre al primer paraje que a fines del siglo XIX, se asentó a metros del río Colorado.

Hacia 1897, se inauguraba el ramal ferroviario Neuquén – Bahía Blanca, estableciéndose una estación en los terrenos más altos que toma como nombre  Río Colorado. Por decreto del 29 de marzo de 1901, firmado por el entonces presidente de la Nación Don Julio Argentino Roca, se declara oficialmente pueblo a Buena Parada y del otro lado de la estación de ferrocarril, el naciente pueblo Burnichón. (2) Uno, cerca -demasiado quizás-  del río. El otro, orilleando las vías. Dos formas históricas de parir un pueblo.

Cartel que indica el nivel al que llegó el agua en la inundación de 1915 (Estación del Ferrocarril)

Los años pasaron y en 1915 una gran inundación destruyó la mayoría de las edificaciones existentes  en aquella Buena Parada que crecía a metros del río.  El agua, a pesar de arrasar con todo a su paso, lejos de  significar su desaparición, se convirtió en un motivo de unión. A pesar de lo desolador del nuevo paisaje, la convicción y necesidad de sus pobladores fue más fuerte, y al bajar las aguas, comenzaron la reconstrucción. “Había que recuperar la tierra. Las plantaciones. Y las esperanzas”.

Con el traslado de las primeras instituciones “al otro lado” de la estación ferroviaria, nace un nuevo pueblo que no toma ninguno de los nombres de las dos comunidades que se alimentaban de la misma estación. El pueblo es bautizado con el nombre del río que le dio vida: Río Colorado (3)

29/03/2010

¡Felices 109 años, a vos ciudad y a tu alma de pueblo!


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Referencias:

(1) Extracto de trabajo práctico realizado para sociología, sobre la historia de vida de tres personas de Río Colorado. Una partecita de esas historias, puede comenzar a leerse haciendo clic acá.

(2) Datos extraídos del sitio oficial de la Municipalidad de Río Colorado.

(3) Datos tomados del libro Evocando nuestro pasado, de la historiadora Alicia Pulita, para el cual diagramé y edité el material en CD que acompaña dicha publicación. En el año 2009, el libro fue presentado en la Legislatura de Río Negro, como puede leerse en este enlace.

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8 comentarios »

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  1. Hola lu, me parecio estupenda tu sintesis de lo que es Rio Colorado… Un besote!!

    • gracias Juampa! cada vez que leo tus comentarios, me da mucha emoción jejeje.
      un beso, ex rey 🙂

  2. Ludmila: Parafraseando a “Don Ata” te diría que
    …Tu canto no es el rumor/ de una vertiente serrana,/no tiene sol de mañana/tampoco refleja estrellas/pero se va por la huella/derecho al alma paisana…porque es evidente que la nota fue escrita desde el amor y la pasión por la “querencia” y su gente.

    “Las buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan y en un día como tantos descansan bajo la tierra” como describía Antonio Machado a aquellos labriegos, muchos de los cuales también forjaron nuestra patria.

    Origen común de nuestras ciudades, luego de una Revolución que proclamaba ser tierra de libres y 70 años después, el genocida Roca extiende los latifundios al sur y al oeste limpiando de salvajes la Patagonia, porque el mercado de Londres, exigía la multiplicación de vacas. En 1879 concluye la campaña del desierto, los sobrevivientes indios, indias, botín de la frontera, son repartidos en estancias, fortines, caballerizas. Veinte mil leguas ganadas a los indios. El gran civilizador culmina así
    la brillante carrera militar que había iniciado en las guerras contra gauchos y paraguayos. Pero esa es otra historia. Gracias Lu! y perdón por la disgresión.
    DANIEL

    • …y cuántas más “otras historias” hay!!

      Y sí, aunque a veces reniego por la impotencia que da ver ciertas cosas que hacen que el pueblo duela, también es cierto que uno nunca puede irse del todo. Como dice José González en Por el camino, “quien dice que no hay querencia, que le pregunte a la ausencia”.

      pd: Tus disgresiones son siempre bienvenidas Jelusich 🙂

  3. Original reseña de la historia de nuestro pueblo que, a mi modesto entender, nació dividido y aún lo sigue estando y esto hace que no podamos tener el despegue que todos anhelamos. Será cuestión de insistir con lo importante que es la tolerancia.
    Siempre es agradable leer tus pensamientos y opiniones. Saludos

    • Comparto tu pensamiento José. Algo de eso tiene que ver con lo que le decía más arriba a Daniel, que por más cariño que uno tiene, a veces “el pueblo duele”. Sobre esta forma de nacer “dividido”, Alicia Pulita, en la presentación de su libro siempre pone la metáfora de “una madre con dos hijos”.

      Porque no nos devoren los de afuera, ni los “de adentro” mismo. Chin chin.

      y gracias por leerme y compartir también en este espacio tus reflexiones 🙂

  4. Ludmila compartimos profesión, que locura la nuestra…

    Navegando sin ningún fin me encontre con tu blog, me gusto mucho la referencia de Río Colorado.
    Un poco de nostalgía me hizo recordar el alma de pueblo, su paísaje de valle y los días en la chacra de mi abuelo ubicada a orillas del Río, en la Colonia Julia y Echarren.

    Mil veces me contaron su historia…

    Saludos, segui escribiendo que te sale exelente!

    • Hola Alejandra, qué feliz coincidencia 🙂 dame más pistas para identificar quién sos, porque no todos los días uno se cruza con otro riocoloradense en la blogósfera! Por supuesto, muchas gracias por tus palabras y espero vuelvas cuando gustes

      Ludmila


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