52. La vida en una burbuja

31 octubre 2010 en 9:26 pm | Publicado en Autobiográfica, Historias reales | 5 comentarios

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[recuerdos de Mar de Plata, año 2006]

Sol, arena y mar. Y doscientos metros separando la vida de la muerte. No iba a ser un domingo más en Mar del Plata. Luz, cámara, acción, y centenares de anónimos preparados para ser parte de la publicidad del verano. Pieles bronceadas respondían a las órdenes de un director cuyos gritos agigantaba un altoparlante: “Ustedes ¡muévanse, seduzcan!”. Y ellas obedecían, cual si fueran la reencarnación de Marilyn.

La sensación térmica en aquella playa elegida como escenario, se medía en hormonas. Los que estaban de paso, aumentaban esa masa de público que miraba atónito tanta felicidad artificial. Modelos de seres humanos, bailaban al ritmo de una música tan pegadiza que hasta los fosforescentes caballos marinos hubieran dejado a Alfonsina, por hacer una ronda en esa escollera. Los extras no despegaban los ojos de las cámaras, esperando el momento justo para tener su segundo de gloria. No faltaban los que se animaban a improvisar esperando que descubrieran su talento actoral. Por momentos, hasta me pareció estar viviendo alguna página de Un Mundo Feliz.

El tiempo parecía detenerse en aquel atardecer. El sol se escondía, y con él parecían irse las miserias humanas. “La vida te sonríe al tomar esta marca de cerveza”, pensé. Y seguí caminando, culpando a mi paladar por preferir otro tipo de bebidas. De lejos, llegó un sonido angustiante. Pero ni el ulular de una ambulancia interrumpió tanta farsa. Tampoco se enteraron de lo que sucedía a sus espaldas. La vida se esfumaba bajo la espuma, y no precisamente la derramada en un chop.

Las luces intermitentes de los patrulleros, parecían hacerle un guiño a los últimos rayos del día. Los gritos desesperados hacían eco en la infinitud del mar. Y volvían siendo llanto en cada ola que no lo traía a él. Al joven que nadie había visto salir a flote, después de tirarse a nadar a orillas de esa otra escollera. “Seguro se golpeó la cabeza”, decían unos. “Capaz que se le trabó un pie con las piedras y no pudo salir”, sostenían otros, agregando cada vez más morbo a sus teorías. Nadie lo encontraba, ni los bañistas ocasionales, ni los buzos experimentados. Y todos la miraban a ella, a esa mujer menuda que no podía dejar de gritar el nombre de su amor. Ni tres fornidos policías pudieron detenerla en su maratón por la playa, hasta que sola cayó de rodillas frente al mar. La inercia parecía haberse apoderado del tiempo. Cada segundo parecía eterno. “Ahora van a comenzar a buscar mar adentro, siguiendo la corriente de los canales”, explicaba un marplatense que vio muchos cuerpos desaparecer junto a la marea.

Ya estaba anocheciendo. Los gritos y la música comenzaban a disiparse en cada punta de aquella bahía. Cuánta arena, resumiendo la vida y la muerte. Miré por última vez el faro que iluminaba a lo lejos, y volví tras mis pasos. El joven no había aparecido. Y a doscientos metros, se escuchaba: “¡Corten!, salió perfecto. Todos a casa”. Alguien preguntaba qué había pasado ahí cerca. “Nada, parece que se ahogó otro pibe”, le respondieron. “Uh, qué bajón. Bue… ¿Vamos a festejar? ¡¡En poco tiempo vamos a ser famosos!!”. Risas. “Dale, esto no pasa todos los días”, decía el compañero de aventura.

Al día siguiente, una escueta columna en el diario La Capital, agregaba un ahogado más a las estadísticas de ese verano que apenas comenzaba. Pudo haber sido un domingo más en Mar del Plata. Salvo que fueras parte de un comercial.

Ludmila Brzozowski

 

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5 comentarios »

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  1. Intenso, ¿no? Y qué bien escrito, como siempre.

    A mí me tocó ver un muerto en la playa, un pibe que se ahogó un día cualquiera. Fue en Santa Teresita hace dos años. No se filmaba ningún comercial pero igual vi ese mismo contraste: el cuerpo metido en una bolsa, la camioneta de la policía al lado, una banda plástica rodeando el ínfimo sector de arena, y a su alrededor todo el mundo tomando sol, jugando a la paleta, midiendo la temperatura del agua con el pie.

    Y al día siguiente mi nota, breve: un ahogado más para la cuenta de la temporada.

    • Gracias “Loloret”, un honor para mí leerlo por acá!

      Leo esa descripción de lo sucedido en Santa Teresita, y me duele…no se si la panza o la humanidad. Es como cuando lees los partes policiales, tan telegramáticos, impersonales…pero necesariamente tienen que serlo.

      Buen lunes!

  2. Lu!!! no conocía tu escritura, me encantó!! voy a empezar a entrar seguido. besos!

  3. cada vez que lo leo se me pone mas la piel de gallina…tremendo suspenso.

  4. Ludi, una alegria enorme encontrarte haciendo lonque haces, tan profundo y sentido. Te mando un beso, suerte!!!. Larisa


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