62. La (in)seguridad como recurso para la reinserción laboral

18 octubre 2011 en 12:05 am | Publicado en Historias reales, Periodismo | 4 comentarios
Etiquetas:

Una charla a la luz de la luna, con un vigilante nocturno de las calles bahienses, revela más que los secretos de la noche.

“La policía está contenta con nosotros, porque le hacemos parte de su tarea”, dice Carlos*, que con 58 años y una vida llena de trabajos en negro, hace cuatro decidió ser su propio jefe. La apuesta, dice, valió la pena para su bolsillo. Pero a cambio, debe pasar todas las noches a la intemperie, para cuidar las casi 80 viviendas que en un sector de Bahía Blanca, previenen el delito a la vieja usanza.

Para él, la jornada laboral comienza justo cuando sus clientes se reúnen en la mesa familiar y finalizan su día. De lunes a lunes, a las diez de la noche en punto, inicia su recorrido por el barrio Pedro Pico para transitar una y otra vez poco más de 30 cuadras. Así lo hace hasta las seis de la mañana, cuando las persianas empiezan a levantarse y el sol -se supone- ahuyentará a los malhechores.

El servicio de prevención que Carlos ofrece, nada tiene que ver con el sofisticado sistema de vigilancia que en la ciudad se lanzó hace menos de un mes bajo el nombre de “Alerta Bahía Blanca”. Para monitorear los movimientos del barrio no necesita cámaras ni GPS. Su única tecnología es una linterna y un silbato: “Con la linterna voy alumbrando los rincones en que podría ocultarse alguien, o las casas donde me avisan que no estarán por unos días. Tiene gran alcance”, explica.

– ¿Y el silbato?

– Es para ahuyentar a cualquiera que ande merodeando o con ganas de robar. Para que escuche ruido y sepa que acá lo estamos vigilando.

– ¿Anda armado?

– No, ni mi socio ni yo usamos armas, porque somos civiles. Nosotros solo nos encargamos de prevenir el delito. Si vemos algo raro, llamamos al 911 y la policía se encarga del resto.

– ¿Y cómo se llevan con la policía?

– Bien, aunque desde que estamos nosotros, notamos que no pasan tanto. Por ahí andan por sectores que están más desprotegidos…o capaz se van a dormir un rato (risas).

Pocos robos, mucha prostitución. De un tiempo a esta parte, la inseguridad se convirtió en el eje de debates políticos y supo protagonizar discursos de campaña. Si es una realidad o solo una sensación instalada por los medios, ha sido uno de los grandes cuestionamientos. Lo cierto es que la luz del día, ya tampoco es garantía de seguridad. Lo saben las dos familias que con apenas una semana de diferencia, sufrieron el robo en plena siesta de un sábado, cuando todo parecía estar en calma en el barrio.

“Entraron por el portón del frente, forzando la puerta. Nadie escuchó ni vio nada, y eso que el portón da a la vereda. Es increíble, habíamos salido al centro a comprar unas cosas y cuando regresamos, teníamos la casa dada vuelta”, cuenta Marisa*, una de las damnificadas. Su casa es una de las que Carlos cuida por las noches. Pero esa siesta, el vigilante  estaba descansando para poder cumplir con  su compromiso nocturno “despierto como una lechuguita”.

– ¿Qué se ve en el barrio de noche?

– A veces se ve gente rara, que se nota que no es de acá porque yo conozco prácticamente a todos. Y cuando veo eso, o que andan merodeando, los sigo para que noten mi presencia, y le mando un aviso a mi socio para que también esté alerta.

– ¿Alguna vez descubrió que estaban robando en alguna casa?

– No, en cuatro años nunca. Solo tuve que llamar al 911 para alertar a la policía que había movimientos extraños, como gente saltando paredones. Pero nunca un robo en sí.

– Y si ve que una casa que no contrató su servicio, está en peligro: ¿llama igual a la policía?

– Si, porque no me cuesta nada, y después la gente te lo agradece y termina contratándote.

– ¿Se ve prostitución en esta zona?

– En la calle no tanto, pero sí descubrí varios “privados”. Aquel, por ejemplo, donde ahora están entrando esos muchachos, es una casa donde ofrecen esos servicios. A esta hora (11 pm), empiezan a aparecer los clientes. En estas dos cuadras, tenés por lo menos, tres privados. Y acá nomás también está la plaza Brown, donde se pueden ver más que nada travestis subir a muy buenos autos.

Una cuestión de actitud. Para llegar a ser guardia nocturno, Carlos hizo una capacitación mínima. “Yo solo hice la escuela primaria, tengo hasta séptimo grado, y tuve que trabajar desde chico porque mi familia era muy humilde. Pero siempre trabajé en negro. Por eso hace unos años me decidí a estudiar para Policía, y trabajé 4 años de eso, hasta que conseguí entrar a una fábrica donde ganaba mejor sueldo”. Arrasada por la crisis económica que afectó al país, la fábrica cerró en el año 2002. Y Carlos se quedó sin nada más que su profunda desánimo.

“Es que a esta edad, ya nadie quiere tomarte como empleado. Tuve suerte por un tiempo, cuando entré a trabajar en la empresa que vigila otras cuadras de este mismo barrio, pero me pagaban muy poco, no estaba registrado como empleado, y un día mi socio me propuso independizarme y trabajar por nuestra cuenta. Y acá estamos”.

– ¿Cómo se llevan con los guardias de la otra empresa? ¿No hay “picas”?

– No, no, cada uno tiene su territorio y nos respetamos. Pero yo prefiero trabajar solo, incluso mi socio tiene su propio sector para vigilar.

– ¿Y con los vecinos, alguna vez tuvo algún inconveniente?

– No, para nada, algunos hasta me alcanzan café calentito en invierno, o por ahí algún sánguche, para pasar la noche. Me tratan bien porque saben que les cumplo y nunca me van a ver durmiendo en el auto. Apenas si lo uso cuando llueve.

– ¿Su familia no lo reclama por las noches?

– Al principio no les gustaba mucho, pero ya se acostumbraron y saben que es necesario. Con este trabajo gano bien, pude terminar de construir mi casa. Y como mis hijos ya son grandes, cuando no tengo que trabajar trato de pasar todo el tiempo con mi esposa… ¡que es la misma de siempre, eh!

Faltan apenas unos minutos para las doce de la noche. Carlos sabe que no habrá princesas que pierdan sus zapatos, ni calabazas que se transformen en carruajes, pero a esa hora, todo puede pasar y él tiene que estar atento.

– ¿Y a usted, quién lo cuida?

Sonríe y suspira. En voz baja confiesa que le teme más a las inspecciones que a los ladrones.-

 Por Ludmila Brzozowski, 15/10/2011

* Por pedido expreso del entrevistado, se protegió su identidad.

Anuncios

4 comentarios »

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

  1. Está buenísima no tiene desperdicio, me la leí en un segundo, me encantó Lu.
    Me coy sospechando que tu casa va a ser muy cuidada! jajaja

  2. Excelente! Te felicito Lu!!! Gente común que casi nunca vemos, genial la nota!

  3. FELICITACIONES POR TU HERMOSA ENTREVISTA MUY HUMANA, PORQUE JUSTAMENTE DE ESO SE TRATA , EL CUIDADO DE LAS PERSONAS HACIENDO CON SU TRABAJO QUE NOS SINTAMOS PROTEGIDOS. MUY BUENO, UNA NOTA DIFERENTE , QUE NO SE LE OCURRIO A NADIE!! TE FELICITO. MAMILA

  4. Muy buena Ludi, hay denuncias muy sutiles y como dijo Mila, tambien es muy humana. Te mando un beso.
    P.


Gracias por leer! Aquí abajo podes agregar un comentario. No es necesario que rellenes los espacios donde te piden tus datos. Con firmar con tu nombre, o dejarme una pista de quien sos, estará bien. Lo importante es que vos también participes. Ludmila

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


Entries y comentarios feeds.

A %d blogueros les gusta esto: